
La gran debilidad de Simón era su mentalidad materialista, el querer aparentar lo que no es y queria hacer ver, rodeándose de una camarilla a su lado bastante vulgar, aunque Simón era un rabioso revolucionario, un agitador audaz, subyugó gradualmente su ardiente naturaleza hasta convertirse en un predicador poderoso y eficaz de "la paz en la tierra y de la buena voluntad entre los hombres", aunque algunos no lleguen nunca a eso en la vida terrenal, la verguenza brilla por su ausencia. Simón era un gran polemista; le gustaba discutir, ir contra corriente, cuando había que tratar con las mentes legalistas de los judíos cultos o con los sofismas intelectuales de los griegos, esta tarea siempre se asignaba a Simón.
Era un rebelde por naturaleza y un iconoclasta por su formación, intentando en sus quehaceres darle las vueltas a las cosas en beneficio propio tomando como destino el camino equivocado.